domingo, 26 de enero de 2014

Quimioterapia antimicrobiana

Desinfección Vs. Tratamientos farmacológicos
Cuando se desinfecta un objeto inanimado se trata de no dañarlo en el proceso. Para esto se analizan las características fisicoquímicas del objeto y se selecciona el mejor proceso de desinfección. Es muy común que, para la eliminación de microorganismos en objetos inanimados, se utilicen métodos que destruyan la pared celular. Algunos ejemplos son los detergentes, los tensioactivos y las sustancias degradadoras de grasas y proteínas.
En cambio cuando hablamos de desinfectar un ser vivo lo esencial será dañar lo menos posible al organismo hospedador (el paciente) y lo máximo posible al huésped (patógeno). Para el tratamiento de pacientes se suelen utilizar tres tipos de fármacos agresivos contra los patógenos más comunes del hombre. Todos ellos llevan el sufijo “anti” que significa “contra” pero que no establece claramente su acción. Estos son antivirales, antimicóticos y antibacterianos. En última instancia todos estos son denominados antibióticos, ya que actúan en contra de la vida de aquellos que se ven afectados por su presencia.

Los antibióticos
Penicillum notatum: el hongo
de la penicilina
Un antibiótico, como lo indica su nombre, es un compuesto químico que atenta contra la vida de un microorganismo en particular. Anti implica contra y biótico implica vida. La mayoría de los antibióticos son compuestos naturales provenientes de los microorganismos. Tal vez el antibiótico más conocido sea la penicilina (purificada en un principio del hongo Penicillun notatum). Químicamente un antibiótico natural es una enzima. Las enzimas son responsables de distintos procesos metabólicos, entre los más comúnes del tipo catabólico (destrucción de moléculas complejas). Una enzima pectinolítica (causante de la lisis o la descomposición de la pectina) será capaz de descomponer la pectina, por ejemplo, presente en un concentrado de jugo. De la misma manera, una enzima lipolítica degradará la grasa presente en la membrana de un microorganismo (o sea, degradará la bicapa lipídica).
Pero, ¿por qué razón un microorganismo produciría un compuesto químico que atente contra la vida de otro? Como siempre en la naturaleza el orden natural es comer o ser comido. Suena un poco feo dicho de ese modo, pero la naturaleza ha obligado a los seres vivos a defenderse de sus vecinos (en la cima podemos encontrarnos a nosotros habiendo llegado al límite de modificar el medio ambiente mismo). Los microorganismos no se encuentran en una situación muy diferente a la del resto de los seres vivos de este planeta. La diferencia es que su lucha es de célula a célula. Algunos microorganismos son capaces de comerse a otros (un proceso denominado fagocitosis). Otros confían en el número y en la movilidad. Algunos han comenzado la guerra química. Y estos últimos son los capaces de producir compuestos antibióticos. Por lo tanto ahora comprendemos que la producción de compuestos antibióticos por parte de los microorganismos surge de la necesidad de defenderse de otros.
Clasificara los antibióticos no es tarea fácil. Todo depende del criterio que empleemos para este fin. Podemos comenzar definiendo a los antibióticos de acuerdo al grupo que atacan. En este aspecto tenemos 3 opciones: antibacterianos, antifúngicos (o antimicóticos) y antivirales. Los últimos son más complejos y, a pesar de su nombre, no necesariamente evitan el ataque de los virus sino que lo modulan. Los antibacterianos son antibióticos que actúan sobre bacterias y los antifúngicos (o antimicóticos) actuan sobre los hongos. El término que se emplea se relaciona con la etimología de la palabra. Al decir antifúngico se hace referencia al Reino Fungi (según la clasificación de Whittaker), mientras que al decir antimicótico se hace referencia a los hongos en general, cuya denominación en griego es mycos.
Otra forma de clasificación es según el efecto que ejercen sobre el microorganismo en cuestión. En este aspecto tenemos dos opciones: los -sidas y los -estáticos. En realidad esta es la terminación de la palabra con la cual podemos definir el efecto del antibiótico. Por ejemplo, si un médico receta un antibiótico tipo bactericida, este antibiótico matará a las bacterias. Por otro lado si receta un fungistático, el antibiótico detendrá la proliferación del hongo susceptible al antibiótico. La diferencia entre recetar un antibiótico tipo -sida o tipo -estático dependerá de la estrategia que evalúe el profesional médico. Al recetar un antibiótico que detiene la proliferación de un microorganismo patógeno pero que no lo mata, el médico está buscando que sea el sistema inmune del hospedador el que se defienda. Esto puede servir para que el hospedador se vuelva resistente al patógeno. Si el patógeno fuese muy agresivo y el paciente no pudiese defenderse del ataque, el profesional médico elegirá un antibiótico tipo -sida, para así preservar la vida del hospedador.
Por último se puede catalogar a los antibióticos según su familia de compuesto activo. Esto es más complejo, pero al mismo tiempo es más conocido por el hecho de que se utiliza comúnmente. Aquí podemos encontrar a las familias de las penicilinas, las cefalosporinas, las quinolas, los nitroimidazoles y otros tantos.

El efecto de los antibióticos
El efecto de un antibiótico determinado se divide en 2 partes. El efecto primario y el efecto secundario:
  • Efecto primario
El efecto primario de un antibiótico será el que ejerce directamente sobre un microorganismo patógeno. De acuerdo a si el antibiótico es de tipo -cida o de tipo -estático, podremos esperar cualquiera de las 2 situaciones. En general los antibióticos actúan sobre el exterior de la célula o sobre el material genético de la misma. Por lo tanto los antibióticos impedirán la generación de pared o membrana (lo que impide la multiplicación del patógeno), degradará la membrana plasmática, destruirá parcial o totalmente el ADN o desnaturalizará los ribosomas. Cualquiera de estas opciones generará un fuerte daño sobre el microorganismo patógeno.
  • Efecto secundario
El efecto secundario refiere al daño que ejerce el compuesto sobre el hospedador. Este efecto está relacionado principalmente con la dosis y el efecto del antibiótico sobre las células del hospedador (toxicidad) o sobre la flora normal del mismo (amplitud del efecto antibiótico). Cuando se suministran dosis bajas y de corta duración (2 o 3 días de tratamiento) de antibióticos, los efectos secundarios suelen ser despreciables. Por ejemplo el uso de penicilina como antibiótico general (la penicilina es un bacteristático de amplio espectro), el cual tiene pocos efectos adversos y se suele utilizar inclusive a nivel pediátrico. Sin embargo, el uso indiscriminado de este antibiótico ha producido un decrecimiento elevado en su capacidad antibiótica, obligando a los médicos a aumentar las dosis y la frecuencia. Inicialmente la dosificación era muy baja y su efecto era tan elevado que los médicos comenzaron a creer que estaban diagnosticando mal las enfermedades. Actualmente la dosis recomendada para un adulto por toma es de 1200000 unidades internacionales, hasta 2 veces por día. Los efectos secundarios de los antibióticos dependen de cada uno de ellos y van desde nauseas y vómitos hasta trombosis y convulsiones (incluyendo la muerte como efecto colateral).



Toxicidad selectiva de los antibióticos
Lo más importante de un antibiótico es su toxicidad selectiva. Esto implica que el efecto tóxico se verá reflejado sobre el microorganismo patógeno y no sobre el paciente. Un ejemplo muy común son los antibióticos que atacan la formación de las paredes de peptidoglicanos de las bacterias. Como el hospedador no posee este tipo de pared celular, el efecto del compuesto se reduce al causado sobre el patógeno (por ejemplo el cloranfenicol). La toxicidad selectiva del antibiótico se puede expresar en 2 parámetros:
  1. La dosis terapéutica (nivel del fármaco necesario para el tratamiento)
  2. La dosis tóxica (nivel de fármaco que genera efectos secundarios)
Asimismo, los fármacos utilizados pueden tener un espectro de acción más amplio o más reducido. Un antibiótico de espectro reducido afectará a una gama pequeña de agentes patógenos. Algunas veces llega a ser genero-específica. Al contrario un antibiótico de amplio espectro será efectivo contra una gran variedad de agentes patógenos. Por lo general los antibióticos de espectro reducido suelen ser más eficientes que los de amplio espectro.

Dosificación
Un aspecto muy importante es definir las dosis sobre las cuales el compuesto es efectivo o no. Las dosis pueden separarse en 2 clases.
  • Concentración inhibitoria mínima de crecimiento (CIM): Es la concentración más baja del antibiótico que inhibe el crecimiento del patógeno pero no lo mata.
  • Concentración letal mínima (CLM): Es la mínima concentración de un compuesto que mata al organismo. Por lo general se estudia la muerte de una proporción de la población en un tiempo determinado. Por ejemplo la CLM que mata a la mitad de la población en 1 día se la denomina CLM50-24 (50% en 24 hs).
La dosificación de un compuesto antibiótico es cosa seria y no debe ser administrado sin prescripción médica, ya que los efectos adversos pueden ser complejos. Asimismo, los medicamentos pueden interaccionar entre ellos con distintos efectos (en el prospecto de los medicamentos esto se encuentra como interacciones medicamentosas). Las dosis recetadas por los médicos tienen como finalidad causar el efecto deseado con la menor dosificación necesaria para el tipo de enfermedad y la sintomatología presente. Una dosis mayor no necesariamente implica una mejor cura de una enfermedad.

Riesgos de la automedicación
“¿Qué mal podría causarme tomar este antibiótico, si seguramente lo que me aqueja es curado por el?” En primera instancia determinar el causal de una enfermedad es algo complejo y que requiere tiempo. Una gastroenteritis podría estar causada por Helicobacter pylori, con lo cual podrían utilizar los antibióticos claritromicina, amoxicilina y tetraciclina. Sin embargo la gastroenteritis podría estar causada por otras bacterias (como Escherichia coli), virus (como los rotavirus), el desbalance de la flora intestinal, una intoxicación alimenticia o incluso el estrés.
¿Pero qué efecto negativo podría generar la ingesta de un antibiótico que, en general, nos cura de las enfermedades? No olvidemos que los antibióticos matan a las bacterias sensibles. El uso de antibióticos de amplio espectro como la amoxicilina puede causar el desbalance de la biota normal intestinal, lo que puede degenerar en un cuadro clínico aun peor. Los antibióticos suelen ser abrasivos para el epitelio intestinal aumentando la probabilidad de ulceraciones. El tratamiento prolongado genera gastritis en los pacientes. Y lo pero de todo, los antibióticos pueden ser resistidos por bacterias inespecíficas. Un ejemplo puede ser la resistencia adquirida a la amoxicilina por la bacteria Lactobacillus casei. Esta bacteria es parte de nuestra biota normal y su presencia es muy beneficiosa para nuestro organismo. Al ser agredida con amoxicilina, esta bacteria puede ganar una resistencia genética a la misma. El problema radica en que las bacterias pueden transferirse información genética a través de los plásmidos (estructuras genéticas circulares que se transfieren entre bacterias a través del proceso de conjugación). Si la resistencia a la amoxicilina pasara de Lactobacillus casei a Helicobacter pylori, entonces sería imposible combatir a esta bacteria con este antibiótico. El paso siguiente es utilizar antibióticos más agresivos, los cuales resultan ser más agresivos para el paciente también.


 Por todas estas razones es muy importante no automedicarse y buscar el asesoramiento de un médico clínico. En última instancia será el quien pueda decirnos si debemos preocuparnos realmente o no de la posibilidad de una infección patogénica.

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